La habitación

Olor a bergamota. Luz de media tarde. Nubes que huelen a tormenta. Los altavoces colgados en la pared me recuerdan cuánto tiempo hace que no escucho música. Una novela escrita sobre la mesa y cajas de diarios viejos.

Abro los ventanales de par en par para dejar entrar el aire de los últimos días de otoño. La cama de matrimonio impoluta y solemne frente al colchón que yace en el rincón. Recuerdo la noche que discutimos sobre tu carrera y tus excusas baratas para no hacer nada. También me dijiste que el sexo ya no era como antes. Tengo esas palabras tatuadas en mi cabeza. Gritos silenciados y tu decisión de dormir en el colchón. Pasaron días en que no cruzamos palabra.

En el último cajón de la mesilla escondo tus cartas. Abrazo el silencio de la habitación como nunca antes lo había hecho. El campanario toca las siete y me despojo de otro atardecer que debería ser rosado. Oigo la tormenta cerca. Caliento una taza de té verde y enciendo una vela. Me tumbo en el suelo. Las vigas gruesas y rígidas son capaces de sostener toda mi casa. Ojalá mi estructura fuese tan firme. 

La caja de diarios me mira. Soy capaz de abrirla? Palabras sobre mi maternidad, la deseada y la real. La que partió en dos mi vida. Quizá no esté lista para mi yo de entonces, tan inocente, tan ingenua, tan expuesta.

El viento sopla con fuerza. Voy a cerrar la ventana.



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